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Siempre me he quejado de la manía de mi madre de congelar absolutamente todo dada la engorrosa labor posterior de descongelar algo para poder ingerirlo, pero me he dado cuenta que congelar puede ser muy provechoso dependiendo las circunstancias. Si alguna vez hemos usado una computadora de dominio público (cybercafé, laboratorio de computación, etc) posiblemente sepamos que cualquier archivo o modificación que realicemos se borrará al reiniciar la pc. ¿Por que? Porque la misma se encuentra congelada en un estado. Por razones de practicidad y seguridad.

Nunca le dí demasiada importancia al tema, pero en estos momentos me encuentro haciendo un curso de capacitación para realizar el LPIC-1 donde las computadoras están congeladas y me he divertido bastante haciendo cosas del estilo

sudo rm -rf *

a sabiendas que al reiniciar volvería todo a su estado original y allí comprendí el poder de congelar.

La clave creo está en analizar los requerimientos del usuario de la computadora, claramente si solemos hacer cambios frecuentes quizá resulte algo engorroso ‘congelar y descongelar’ la computadora; pero si nuestro uso se limita a una cantidad contante de programas puede ser una herramienta útil para evitar desconfiguraciones, viruses, etc.

Luego de experimentar en las VMs de Ubuntu, Debian y CentOs veré que experiencias me han dado.

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