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Así como dice la frase que entre dos españoles hay tes opiniones, lo mismo parece estar sucediendo en Argentina; donde existe una gran polaridad entre adherentes y disidentes al Gobierno. Esto se ve en las opiniones que se expresan en las redes sociales, hay quienes aplauden ciegamente cualquier hecho del gobierno y también están quienes igual de ciegamente los critican. En el fondo generalmente hay muy poca objetividad, el objetivo de esta entrada es dar una mirada lo más objetiva posible (dentro de la subjetividad de quién escribe) respecto de la puesta en órbita del Satélite Argentino ARSAT-1.

El día de hoy, me tocó leer gran cantidad de opiniones. Quienes defendían la postura de que éste es un acontecimiento épico en el camino del desarrollo tecnológico nacional y quienes se “burlaban” considerando que se lanzó una heladera comprada en COTO. Ambas posturas (a mi criterio) son erróneas.

COTO Space Program

Una de las principales “quejas” que leí en contra del ARSAT es que en realidad no se trató de un satélite de 100% origen nacional, en parte esto es verdad y corresponde al paradigma de “épica” que últimamente utiliza el gobierno, sin embargo la realidad es que pocos (o ningún país) tiene la capacidad de desarrollar y fabricar todos los componentes de un satélite. Este satélite se compone de elementos desarrollados nacionalmente, fabricados algunos afuera y ensamblados localmente. Esto implica que la idea, la lógica del satélite surgió de la mente nacional, así como todos los productos de Apple son desarrollados en California pero fabricados en China.

El siguiente paso sería desarrollar la industria electrónica nacional para ser capaces de fabricar más componentes, no sólo para la industria aero-espacial, sino para satisfacer demandas industriales y comerciales. Pero esto es algo de lo que hablaré en el próximo segmento.

El satélite blanco de San Martín

Un recurso muy utilizado últimamente en los discursos, es el de constituir la idea de que todo paso del gobierno constituye un episodio en una historia épica, que posiciona a la Argentina en un lugar privilegiado mundialmente y se realizan acciones que quedarán en la Historia. Y es a este “paradigma” que recaen la mayoría de mis objeciones.

Sin nosotros no habría ARSAT-1 (link)

Estando en vísperas de un año de elecciones presidenciales ésta clase de frases abundan, tratando de afianzar la idea de que de suceder otro gobierno (o haber sucedido) estos proyectos no serian posibles. La realidad que éste no es el primer satélite Argentino (si geoestacionario), durante los 90 en la gestión de Carlos Saúl me toco el huevo izquierdo Menem se lanzaron diversos satélites bajo la órbita de CONAE (si…pun intended). Y si bien es real que este gobierno reactivó proyectos necesarios (diferenciar necesario de suficiente) para el desarrollo nacional, el uso político fue por varios órdenes mayor al impacto real de estos proyectos en la “soberanía tecnológica” (haciendo énfasis en que no es insignificante el impacto, sino muy grande el uso político).

Soberanía Tecnológica

Acá es donde a mi criterio hace agua el “relato”. SI, es ultra necesario tener satélites nacionales propios y es positivo que el gobierno financie dichos proyectos; pero la realidad es que dichos proyectos tienen poca correlación con el desarrollo de tecnologías nacionales a un nivel general. Es decir, debemos estar contentos de fabricar satélites propios, pero si luego la industria nacional no es capaz de fabricar (y por fabricar me refiero a investigar, desarrollar y crear) un celular, microondas, lavarropas, algo está mal. Y acá es donde recae una de las mayores dicótomas del gobierno.

Por un lado se financia con dinero estatal “mega”‘-proyectos, pero a la vez se dificulta al individuo o industrias desarrollar independientemente. Como dije en de mi anterior post respecto de la tecnología, Argentina y el Desarrollo Tecnológico, los países que hoy son grandes mecas de la tecnología lo hicieron gracias a la libertad y facilidad de los individuos a desarrollar. Esto NO es un hecho en Argentina, muy por el contrario las trabas a las importaciones y gravámenes impositivos lo dificultan.

Es una gran hipocresía por un lado aseverar la importancia de establecer telecomunicaciones nacionales, y a la vez si yo como radioaficionado deseo comprar una radio para desarrollarme en el área, gracias a los impuestos me saldría el doble respecto del valor comercial en EEUU. Por ejemplo una base Yaesu 2900R en EEUU sale 190 u$d lo que se traduce en $1600 acorde el dolar oficial ($8,5 que es al cual se importa), sin embargo en los mercados locales el precio ronda los $4000. Cuando este no se trata de un bien “suntuoso” como quiza podria ser un televisor LED.

Hace poco en un artículo de La Nación, salió la noticia de que la mini computadora educativa Raspberry Pi llegó a los 3,8 millones de ventas, destacando su rol en la educación de los chicos sobre computación y electrónica. Una Raspberry Pi B⁺ se vende en EEUU a 38 u$d que corresponderian a $330, sin embargo se comercia localmente alrededor de los $1000. Lo mismo sucede con los Arduino, cuyo precio del modelo MEGA 2560 R3 es de 27 u$d ($250) y localmente se comercializa a $900 la versión oficial y $400 la versión China. Y ni hablar de la disponibilidad de elementos adicionales que le dan aún más valor agregado a estos productos.

Resumen

Es muy positivo que se afronten estos proyectos por parte de instituciones estatales (o con financiamiento estatal), pero la realidad es que poca correlación tienen estos con un desarrollo global de la industria nacional. Desde el discurso se reconoce la necesidad de que más gente se emplee en estos rubros, pero en la realidad las cuestiones burocráticas y/o económicas dificultan esto. Nos ponemos contentos de lanzar un satélite, pero en comercios de electrónica no se consiguen inductancias y/o integrados. 

Cuando se comprenda la idea (y se aplique) de que el vector de desarrollo nacional más que el Estado, debe ser mediante la posibilidad de que los individuos puedan desarrollar sus propias ideas y proyectos, es cuando estaremos bien encaminados hacia el verdadero desarrollo nacional y soberanía tecnológica. Mientras tanto, antes de abrir la boca, fijate cuán grande es el buzón. 

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